domingo, 17 de enero de 2016

Dibujo a lápiz


Hay algo en lo profundo de tus ojos cansados que retiene tu imagen en mis pensamientos diarios. Podría observarte todo el día, sin descansos, porque tus gestos, tus facciones, tus detalles me intrigan de sobremanera. 
Da la sensación de que eres eterna, de que tu mente y tu cuerpo son infinitos y no quisiera perderme de nada, porque pienso que cada pigmento, de cada célula de tu piel, que cada pensamiento y rincón de lo que eres como persona son indispensables en tu existencia, indispensables en el hecho de haberte conocido.
Eres el resultado complejizado de un dibujo a lápiz que algún genio del siglo XIX creo a partir de un sueño. Así es como te veo, así es como te siento y esto es tan solo un fragmento. 

Lobo solitario





Hablar de las personas es complejo siempre. Pretender tener la razón es una utopía, pues "nadie tiene razón porque todos tienen razón" y es así de abstracto como suena.

Hablo desde la soledad, porque realmente paso mucho tiempo solo. Me pierdo caminando por la ciudad, sin rumbo y pienso en todo esto, en lo que conozco, en lo que he visto, en como las cosas aparecen delante de mí y luego desaparecen cuando dejo de observarlas. 
Me siento tan perdido a veces y de pronto todo se ve tan claro, o eso es lo que pareciera.
Así me muevo por la vida. 
Estar solo no es algo que sea de mi gusto, le temo y me entristece, pero desde que tengo memoria he tenido una predisposición para eso, ahí yace la dualidad de mi mente. Solo algunas cosas, situaciones, lugares, personas logran desligarme de esa soledad auto-impuesta, pero eso es mío y me lo guardo.

viernes, 15 de enero de 2016

Las palabras que fueron.



Santuarios, idiomas, culturas, ideologías, historias, ceguera, personas, seres, analogías, puzzles, licores, mandálas, estudios, divinidades, asesinos, crímenes, vídeos, viajes, razones, climas, más personas, objetos, herramientas, familias, paradigmas, luces, naturaleza, tecnología, construcciones, destrucciones, poder, basura, dinero, traición, agua, recuerdos, más paradigmas, soledad, arte, ruido, sonido, colores, texturas, sabores, sexo, odio, amor, guerra, aceitunas, pasteles, canciones, puertas, ventanas, oxigeno, telas, olores, días, horas, minutos, segundos, más canciones, más colores, más pasteles, camas, cajas, legados, símbolos, acero, porcelana, estatuas, lluvia, cariño, escondites, fuego, nieve, arboles, valor, muerte, plástico, cristal, vida, paisajes, papel y tinta. Todo con música de fondo en guitarra.


La no intervención es neutral perspicacia del pensador inoportuno, quien finge desinterés para evitar malestares, desilusiones frecuentes de fragmentos repetitivos de tiempo. Porque el tiempo es Darwinismo en todo su esplendor. Solo algunos captan el mensaje y huyen a tiempo, o al menos eso creemos. Pero ya sabes que por estos días se creen muchas cosas. Los rumores abundan en un mar de información sumamente amplio. 
Somos el desastre que dejaron los sucesos, somos la derivación de la historia, somos insignificantes y a la vez supremos, reales. Somos la percepción en si misma, una despotica realidad absoluta o por el contrario, somos insectos, peones de divinidades inventadas por la necesidad, por la sensatez quizás de acallar la idolatría latente o evidente del ser humano por si mismo. Lo que es mejor y lo que es peor son consideraciones subjetivas, pero no por eso menos reales como categorías. Cada uno piensa lo que su historia lo o la ha llevado a pensar. Eso debería bastar, pero el asunto es más complejo, más de lo que creo, más de lo que crees. 

Hace algunos años.


 ¿Cómo sabemos si lo que hacemos es correcto o no?

Ni siquiera se que es lo que estoy esperando, o tal vez si y no quiero reconocerlo por la vergüenza de pensar lo que pienso, sentir lo que siento. Ningún análisis me lleva a una solución concreta para mis pesares. Algo falta y eso es lo que realmente no se; cuando estoy a punto de encontrar ese algo, mi cabeza se desvía. 
La gente parece tranquila, solo parecen, sobre todo los que llevan mascara.
Por mi parte solo quiero saber porque mi ligera tristeza sigue ahí, arraigada en los más profundo de mi ser. Me gustaría que se fuera, me hace sentir miserable, vacío. ¿Será suficiente solo con esperar a que pase? ¿Debería acostumbrarme?