viernes, 15 de enero de 2016



La no intervención es neutral perspicacia del pensador inoportuno, quien finge desinterés para evitar malestares, desilusiones frecuentes de fragmentos repetitivos de tiempo. Porque el tiempo es Darwinismo en todo su esplendor. Solo algunos captan el mensaje y huyen a tiempo, o al menos eso creemos. Pero ya sabes que por estos días se creen muchas cosas. Los rumores abundan en un mar de información sumamente amplio. 
Somos el desastre que dejaron los sucesos, somos la derivación de la historia, somos insignificantes y a la vez supremos, reales. Somos la percepción en si misma, una despotica realidad absoluta o por el contrario, somos insectos, peones de divinidades inventadas por la necesidad, por la sensatez quizás de acallar la idolatría latente o evidente del ser humano por si mismo. Lo que es mejor y lo que es peor son consideraciones subjetivas, pero no por eso menos reales como categorías. Cada uno piensa lo que su historia lo o la ha llevado a pensar. Eso debería bastar, pero el asunto es más complejo, más de lo que creo, más de lo que crees. 

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